Historia y actualidad
Bernd Langer es uno de los fundadores de la llamada antigua Antifa autónoma. Y artista: diseñó el logotipo de la Antifa autónoma, que ha sido objeto de múltiples modificaciones. Actualmente se dedica principalmente a la escritura y ha publicado varios libros sobre la historia de la Antifa. Hace seis años, Bernd Langer fue invitado al País Vasco para participar en una serie de charlas, a lo que siguió la traducción de su obra principal. Entrevista de Radiotipi sobre la movilización en Gießen (congreso fundacional de la juventud de la AfD) y sobre la historia de la Antifa.
Bernd Langer (nacido en 1960) es un veterano activista de la Antifa Autónoma de la RFA y autor de la obra histórica “Antifaschistische Aktion. Geschichte einer linksradikalen Bewegung“ – “Acción Antifascista. Historia de un movimiento radical” (traducción / edición en castellano: Baskale y Sare Antifaxista).
El antifascismo es más actual que nunca. Lamentablemente, debido al auge mundial de movimientos fascistas y gobiernos fascistoides, desde Argentina hasta Hungría, desde Estados Unidos hasta Chile. En la RFA, el partido neofascista AfD está a punto de convertirse en la fuerza política más votada y entrar en el Gobierno, como ya han hecho antes partidos similares en España, Austria o Holanda. Al mismo tiempo, Antifa está siendo catalogada como “organización terrorista” y equiparada al Estado Islámico, como en Estados Unidos y Hungría. En la República Federal Alemana se están llevando a cabo varios procesos cuyo objetivo es criminalizar y desmantelar las estructuras de Antifa. Una radio libre de Chemnitz entrevistó a Bernd Langer.
FRIEDER: Hola, Bernd, se te considera uno de los fundadores de la antigua Antifa autónoma. Al mismo tiempo, eres artista y has diseñado, por ejemplo, el logotipo de Antifa autónoma, que ha sido objeto de múltiples modificaciones. Ahora, principalmente como autor, has escrito, entre otras cosas, libros sobre la historia de Antifa. ¿Qué libros son esos? ¿En qué estás trabajando actualmente?
BERND: Estoy organizado desde 1978, participo desde 1977 y, de hecho, estuve presente desde el principio del movimiento. Todavía no he quedado totalmente relegado. De vez en cuando sigo haciendo algunas cosas, participo en manifestaciones. Pero es cierto que principalmente escribo, reflexiono y analizo. He dedicado mi vida, por así decirlo, al antifascismo y he escrito la gran obra sobre la Acción Antifascista, que ahora consta de tres libros. Ya se han publicado dos, la historia antifa de todos los movimientos radicales de izquierda, los volúmenes 1 y 2. El volumen 3 saldrá en primavera y, justo después, “Antifa en EEUU”. En realidad, esto debería estar incluido en el volumen 3, pero entonces habría quedado demasiado extenso y grueso. He documentado la historia de Antifa en Alemania desde sus inicios, es decir, el golpe de Kapp en 1920 o la revolución en Rusia, el comienzo del fascismo en Italia hasta hoy, en mil páginas, una extensión bíblica.
FRIEDER: Ahora la primera pregunta sobre el tema. Antifa autónoma antigua y nueva. La Antifa de los años 80 era muy diferente de la Antifa de los años 50, 60 y 70. ¿Qué tenía de específico la antigua Antifa autónoma?
BERND: Antes de la Antifa autónoma, el término Antifa ni siquiera se utilizaba. Apareció poco después del final de la Segunda Guerra Mundial con los comités Antifa en la RDA. Luego, el término volvió a desaparecer. Por supuesto, la VVN (Asociación de Perseguidos del Régimen Nazi), fundada en 1948, llevó a cabo una política antifascista. Sin embargo, en aquella época no se autodenominaba Antifa. Es un término al que no volvió hasta la década de 1990. Antes de eso, tal uso era impensable. Como autónomos, teníamos una relación ambivalente con la VVN y el espectro del DKP (Partido Comunista Alemán). Me refiero a los años 70 y 80, porque seguían su propia línea. Es decir, era esencialmente la línea del SED (Partido Socialista Unificado de la RDA), que también financiaba y controlaba políticamente al DKP. Esto significaba que tenían una relación muy distante con la militancia (acción violenta), porque buscaban la unión con la clase obrera, es decir, la unión con la DGB (Federación Socialdemócrata de Sindicatos) y el SPD (Partido Socialdemócrata). Decían que la militancia tenía un efecto disuasorio en la gente, y eso no lo querían.
Con la Nueva Izquierda (tras el movimiento estudiantil y la oposición extraparlamentaria APO a principios de la década de 1970, y los grupos Komunistas) hubo diversos problemas, por ejemplo, que rechazábamos las estructuras jerárquicas de los partidos. Hubo algunos conflictos, por lo que no participaron en esta primera fase de organización. “Rock contra la derecha” en Fráncfort del Meno fue fundamental. Entre 1979 y 1981 se celebraron varios grandes conciertos para impedir la reunión del partido neofascista NPD en Alemania. Tres en total. Los primeros tuvieron que imponerse con firmeza. Y a raíz de esta historia de Rock contra la derecha, organizada principalmente por la KB (Kommunistischer Bund, Alianza Comunista, una de las organizaciones comunistas), surgió la idea de desarrollar un trabajo antifascista más amplio.
Entonces convocamos la reunión Antifa del norte de Alemania. Asistieron todo tipo de representantes de grupos Antifa independientes, con la excepción de la VVN y el DKP, que no formaban parte de esta formación. De esta reunión inicial surgió una organización, la reunión Antifa del norte de Alemania. En 1983, tras los enfrentamientos callejeros en Fallingbostel contra el congreso del partido NPD, los autónomos se hicieron cargo de esta iniciativa y la KB quedó marginada. Entonces surgió un encuentro en Alemania del oeste, o más concretamente en Renania del Norte-Westfalia (NRW). Y en 1985, tras la muerte del antifascista Günter Sare en Fráncfort del Meno, también se celebró un encuentro en el sur de Alemania.
Estas reuniones independientes estaban relacionadas entre sí, estaban coordinadas, era una organización a nivel nacional. No se trataba de crear un partido, ni tampoco era una organización en el sentido de apariciones públicas, del tipo: “Soy de la Coordinación”, sino que era simplemente una agrupación de grupos activos que se coordinaban, intercambiaban ideas e intentaban organizar acciones directas contra actos nazis y contra los nazis, sin que nadie apareciera públicamente. Era una situación semi-legal.
No éramos muchos, pero era una coordinación eficaz que, en el fondo, marcaba la pauta de forma subterránea. También eran otros tiempos. No se puede comparar la República Federal de entonces con la RFA de hoy. Era una sociedad posfascista. Hay que imaginarse que la RFA se entendía, según el derecho internacional, dentro de las fronteras del Reich alemán anterior a 1937. Era la doctrina del Estado. Es decir, se partía de la base de que la República Federal era, en la práctica, una parte del antiguo Reich alemán, que seguía existiendo y que también era competente en materia de derecho internacional para esos otros territorios. Hoy en día, esa sería una opinión de extrema derecha. Con esto solo quiero decir que, si se midiera mucho de lo que ocurría entonces con los ojos de hoy, gran parte de ello sería ya de extrema derecha.
Hay que tener en cuenta todo, el conflicto entre el Este y el Oeste. Los antifascistas autónomos actuaron durante un tiempo como una organización vanguardista militante (acción directa). El lema era que confiáramos en nuestras propias fuerzas en la lucha contra el fascismo, no se veían otras fuerzas. El aparato estatal no se tomó en serio el neofascismo como una amenaza. Se decía que había gente anclada en el pasado que acabaría desapareciendo algún día. Que había unos cuantos jóvenes idiotas, pero que los que se peleaban en la calle no eran más que bandas juveniles rebeldes, que no suponían un problema político, que eso no tenía nada que ver con ellos. Por supuesto, había problemas cuando había muertos. Recuerdo el caso del grupo paramilitar Wehrsportgruppe Hoffmann en 1980, que fue prohibido. Está claro que el Estado interviene en esos casos. Pero solo cuando hay muertos, antes no pasa gran cosa. Nosotros nos movilizamos y nos comprometimos contra eso y salimos al campo de batalla, como se diría hoy.
Frieder: Hubo algunas historias que eran completamente nuevas.
Bernd: Una novedad fue que, paralelamente a estas coaliciones, se movilizó una organización clandestina que llevó a cabo continuos atentados contra lugares de reunión neofascistas. Eso no había existido antes. Otra cosa fue que también se intentó ver el antifascismo como lo esencial. Ya no como una contradicción secundaria, en las ideologías comunistas solo es una contradicción secundaria, existe una contradicción de clases, y todo lo demás se subordina a ello. Para nosotros, el antifascismo era el problema central. Por eso lo veíamos también en relación con el sistema y realizamos intentos teóricos. El antifascismo autónomo, con una visión hiperradical, en ese tema no quiero entrar ahora. En el fondo, no era más que la vieja ideología comunista, solo que multiplicada por diez.
Lo realmente nuevo era que los autónomos también se mostraban antipatriarcales. También hubo una reunión de mujeres. En aquel entonces, las mujeres se quejaban de que en las últimas reuniones solo había un 25% de mujeres. De hecho, eso era un problema en aquella época. Hoy en día la situación es diferente. Pero entonces era así y ese debate antipatriarcal desempeñó un papel importante, eso era realmente nuevo. Todo terminó en 1987, ya que estas estructuras autónomas, aunque eran militantes y tenían objetivos claros, no estaban preparadas para el aspecto político, para ser un movimiento más amplio y hacer política con socios de coalición. Estas acciones militantes provocaron represión y, bajo la presión represiva, muchas cosas se derrumbaron.
Puedo resumirlo brevemente. En 1987 se produjeron los disparos en la pista de aterrizaje oeste del aeropuerto de Francfort Meno, donde murieron dos policías. A continuación, se produjo una enorme ola de represión en el sur de la República, que prácticamente acabó con todas las estructuras antifascistas. Poco después, en Renania del Norte-Westfalia se produjo un gran problema con un debate sobre el antipatriarcado, acusaciones de violación, y las estructuras ya estaban tan debilitadas que no pudieron resolver este problema.
Y también en el norte, la represión estatal afectó tanto al movimiento que acabó disolviéndose. Cada vez más disputas internas. El problema era que no hubo ningún avance político. Y en 1989, poco antes de la reunificación, cuando la Antifa volvió a ser realmente necesaria, las viejas estructuras se desintegraron y se disolvieron. Pero no al 100%, siempre queda algo. Hubo una pequeña fase de transición, una exposición de arte desempeñó un papel importante, quedaron redes y grupos, se mantuvo una conexión. Hubo nuevos impulsos políticos gracias a las manifestaciones de la alianza, una nueva idea de ir con los sindicalistas y los Verdes a enfrentarse a los nazis y no esperar más a que ellos vinieran.
Es decir: nosotros decidimos el lugar y el momento y cómo actuar contra ellos. Esto tuvo un éxito relativo. Luego vino el tema de la reunificación de la RDA y esa gran ola neofascista y, de la misma manera, prácticamente la contraola. Entonces, Antifa se convirtió en un movimiento general. Los años 90 fueron la década del gran movimiento Antifa, cuando la escena underground influyó en la subcultura política. En este contexto, se volvieron a realizar esfuerzos para poner en marcha organizaciones a nivel nacional. De nuevo bajo la condición de que no queremos ser un partido, pero de alguna manera queremos organizarnos. Aquí se produjo un cambio. Existía la organización nacional de acción antifascista AABO. Existía el BRT, el encuentro nacional antifa. Y también había algunos otros. Se puede decir que muchas o casi todas las organizaciones nacionales actuales tienen sus raíces en esta época, porque entonces existía este fuerte movimiento y los intentos de manifestarse.
Ya había diferencias con respecto a los años 80. La militancia de los comandos cesó y ya no se hacía referencia a ese antifascismo hiperradical y autónomo, sino que se decía: ahora somos antifascismo revolucionario. Eso era un aspecto nuevo. El antifascismo autónomo era la lucha contra el todo y el antifascismo revolucionario era la lucha por el todo. Ahora se quería aparecer en público, intentar influir en los debates con manifestaciones, actuar como actor político. No solo golpear desde la sombra, sino ser reconocible como movimiento político.
Ahí es donde entra en juego esta bandera, que ya se había desarrollado en 1987, la bandera roja con las banderas negras y rojas. En referencia a la organización, la bandera roja como referencia al antiguo movimiento obrero. Hoy en día se suele utilizar la negra, pero da igual. En cualquier caso, la idea era poner en primer plano este proceso de organización o de alianza.
FRIEDER: Mientras tanto, la Antifa autónoma también ha evolucionado mucho. ¿Cómo ves hoy a la Antifa? ¿Siguen siendo autónomos los y las activistas vestidos de colores, el movimiento queer, los hackers y las brujas y muchos otros? ¿En qué se diferencia la nueva Antifa de la antigua Antifa autónoma?
BERND: El antifascismo ya no es un concepto comunista, como lo era antes, es decir, antifascismo y anticapitalismo. Hoy en día se dice que todos somos antifascistas, porque todos estamos en contra de los nazis y gente de la RFA se pueden sentir tan liberadas como en Holanda y otros países de Europa occidental. Esto no llegó hasta la década de 2000, a lo que se sumaron organizaciones subvencionadas por el Estado, lo que suena un poco irrespetuoso, pero surgieron organizaciones subvencionadas contra la extrema derecha. Se llamaban “Bunt statt Braun” (Colorido en lugar de marrón) y “Omas gegen Rechts” (Abuelas contra la derecha). No se autodenominan antifascistas, sino que se oponen al extremismo de derecha y comienzan a desempeñar un papel importante en el ámbito del antifascismo. Las cosas han cambiado mucho.
Todavía existen estructuras autónomas, pero ahora se presentan en una mezcla y también se suman o celebran estas formas de resistencia de la sociedad civil. Las cosas han cambiado mucho, pero yo no lo calificaría en una escala de bueno a malo. Hoy en día tenemos una situación en la que mucha más gente acude a este tipo de manifestaciones, por ejemplo, si pienso en Gießen, tanta gente en los años 80 no era posible. (En Gießen se refundó la organización juvenil AfD). En aquel entonces, las manifestaciones más grandes de la Antifa autónoma reunían a 2.000, quizá 3.000 personas, lo que no es mucho en términos de masa y ahora en Giessen no tendría ninguna relevancia. La policía puede controlar a 2.000 personas, pero si son muchas más, la cosa se complica. Por eso diría que es un avance que el tema del antifascismo haya ganado relevancia en la sociedad, por lo que solo se puede considerar positivo.
Que ahora mucha gente diga “yo soy antifascista” devalúa el término en el fondo. Puede sonar un poco duro, pero que ahora todo tipo de personas se denominen así se debe a que “antifascista” suena muy bien. Para mí, antifascista sigue siendo otra cosa, una persona organizada que ve en el antifascismo una idea, que la vive y que participa activamente en ella. Esa gente también existe. Si otros se clasifican así, no se puede hacer nada al respecto. Y si hoy en día la gente sale a la calle vestida de colores, en lugar de solo de negro, también está bien, porque en realidad solo es una forma externa. Sigo siendo partidario de la apariencia clásica, pero, como ya he dicho, si lo comparamos, si ahora son 50.000 o 10.000, antes Antifa no llegaba a eso.
Lo que los grupos autónomos de Antifa no sabían hacer en la década de 1980 era involucrar en el proceso a otras personas que no fueran militantes antifascistas al 150%, ver qué hacer con la abuelita que también quería activarse contra el fascismo, con personas que no encajaban bien con nosotros. Esto no funcionó en los años 90, cuando se inició el concepto, y siempre siguió siendo la Antifa autónoma. Los activistas de Antifa siempre estuvieron activos en grupos especiales. Ese era el círculo y no iba más allá.
Y estos grupos de la sociedad civil, que se desarrollaron o se crearon alrededor del año 2000, llenan precisamente este espacio. Son personas que simplemente dicen: “Nos involucramos a nuestra manera, lo bloqueamos con nuestros medios, nos sentamos en la calle o hacemos acciones”. Es un complemento lógico. Por eso creo que se complementan de forma práctica. Si tomamos como ejemplo Giessen, allí también hay grupos de la sociedad civil que se sientan en la calle y apoyan estas formas de acción, lo que para mí es una evolución lógica.
FRIEDER: En la era de los teléfonos móviles de alta resolución, las cámaras de vigilancia públicas y los equipos de filmación de la policía perfectamente equipados, ¿no es apropiado que no solo toleremos a los influencers antifascistas de izquierda, sino que incluso apoyemos su trabajo?
BERND: Siempre con precaución. Hay que conocer a la gente, hay que tener plena confianza en ella y no decir simplemente que ahora hay cámaras de alta resolución, que todo es una tontería y que cualquiera puede grabar y hacer lo que quiera. Yo no lo veo así. Hay situaciones que se han grabado en directo en las que ha ocurrido exactamente lo contrario. Hay muchos ejemplos en los que las grabaciones se han utilizado para delatar a personas. Hay que tener mucho cuidado y yo no establecería reglas generales. Yo diría que si conozco a las personas que lo hacen, si son de confianza y de alguna manera son conocidas, se puede o se debe hacer con ellas, pero por lo demás hay que tener mucho cuidado.
FRIEDER: Gracias, Bernd, por esta entrevista tan detallada. Te deseamos mucho éxito en tu trabajo futuro.
NOTAS:
(*) Bernd Langer sobre la antigua y la nueva Antifa autónoma, entrevista de Frieder, RadioTipi de Radio T de Chemnitz. Publicación: Untergrundblättle, 2025-12-02 (ENLACE)
La entrevista original se publicó por segunda vez en baskultur.info el 21 de diciembre de 2025 (ENLACE)
IMÁGENES:
(1) Antifascismo
(2) Antifa (tobias)
(3) Antifa (ddr bilder)
(4) Antifa (dielinke)
(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2025-12-23)
