Nueva sede céntrica
El grupusculo Alfonso I Santander que reúne a nostálgicos falangistas, ultraliberales, neonazis, neofascistas y que podríamos resumir directa, llana y coloquialmente como „los nazis de Santander“, está utilizando actualmente la sala del número 13 de la calle Vista Alegre como local para llevar a cabo su actividad y propaganda reaccionaria. En otra epoca, aquella sala era un punto de encuentro alternativo, utilizado para actividades antiespecistas y conciertos.
El grupo neofascista Alfonso I se ha instalado en un local céntrico de Santander, el antiguo Blackbird, conocido por sus actividades alternativas.
La sala Blackbird era un lugar es lo que hace años era la sala Blackbird, un lugar de conciertos de distinto tipo entre los que podemos señalar actos solidarios con causas relacionadas con luchas sociales, actuaciones queers como la banda Afrodito, o jornadas antiespecistas como el concierto de Kike Tormenta (Todo o nada) en apoyo al santuario Gaia, por nombrar sólo unos pocos. Este giro de los acontecimientos supone que en una de las zonas más céntricas, populares y diversas de Santander, con espacios de carácter antifascista próximos como el local de la CNT, el local de la CGT o el bar la Buhardilla, se sitúa un centro de actividad logístico de un grupo militante de carácter neofascista y propenso a la violencia reaccionaria.
Como infinidad de fuentes demuestran, entre las que se encuentran las suyas propias, los nazis de Santander se agrupan en unas siglas (Alfonso I) que se posicionan abiertamente como un grupo escuadrista, esto es, dispuesto a „agredir para vencer“ como exclaman sus camisetas. Sin embargo, siguen teniendo un carácter marginal y minoritario y, aunque en ocasiones lleven a cabo actos de baja intensidad que van en esta dirección, su intención de aumentar cuantitativamente y acumular fuerzas es la antesala a una actividad escuadrista más explícita y señalada como puedan tener otros grupos del estado como Nucleo Nacional, otros grupos europeos con los que tienen estrecha relación como Casa Pound en Italia y Tenesoun en Francia o referentes como Amanecer Dorado en Grecia.
No obstante y a pesar de que hay muchas evidencias en la última década de que los grupos neofascistas y de otras familias reaccionarias están creciendo a nivel local, estatal e internacional gracias a la permisividad institucional y social, permanece dentro de los movimientos sociales en conversaciones y discusiones, una idea muy extendida sobre el hecho de que al organizar eventos antifascistas para intentar entorpecer y frenar los actos neonazis y fascistas, lo que se está haciendo es darles más publicidad y por lo tanto haciéndoles crecer.
Es decir, la alternativa que se presenta tras esta crítica es respetar el derecho liberal de la libertad de expresión, ignorarles y dedicarnos únicamente (como si fuera incompatible una cosa con la otra) a construir otro modelo de sociedad que mediante el ejemplo pueda convencer a la opinión pública de que el fascismo no es una opción válida a la crisis del capital. Más allá de abordar dicho debate, vamos a simular que desde esta redacción asumiéramos esta premisa.
Podríamos elegir muchos sucesos actuales en el marco europeo, pero vamos a exponer brevemente dos ejemplos actuales de por qué frenar a los grupos fascistas es una cuestión inmediata y necesaria para todo el mundo, incluso para quienes no ven necesaria la acción directa que impida normalizar su presencia en la vida cotidiana.
Imaginemos una persona activista que mantiene esta premisa y piensa que para combatir el fascismo lo mejor es dedicarse a la agroecología y al reparto de alimentos en los barrios populares para personas que tienen dificultades para llegar a fin de mes, así como a las recolectas de material educativo para su redistribución equitativa mediante la solidaridad. El reparto de alimentos será para todas y no solamente para españoles como los nazis de Santander se dedican a hacer en clara imitación de Casa Pound y Hogar social. Supongamos que un día se monta un mercado en la calle para llevarlo a cabo y llega un grupo de nazis a reventarlo. La calle se vuelve insegura,así que se decide proteger el proyecto y abrir un local con un banco de alimentos autogestionado. Un grupo de nazis revientan el local y acaban con la ilusionante alternativa. Si bien esto nunca ha dejado de pasar según en qué lugares, cada vez es más posible en nuestros pueblos y ciudades; locales señalados, murales destrozados, monumentos y placas atacadas, compañeres agredides etc . Son tantos los ejemplos que a cada persona nos vendrá uno distinto.
Vayamonos a la ciudad de Donosti. El colectivo KAS (Kaleko Afari Solidarioak – Cenas Solidarias en la Calle) se dedica a repartir comida y dar cenas a personas que viven en situación de calle en la ciudad. El pasado 21 de octubre la plataforma Lo-que-no-te-cuenta-de-donosti convocó una concentración, alentando a la población a ir contra KAS por acusarles de estar contribuyendo a la delincuencia, en clara alusión racista a las personas que sobreviven con pocos recursos en las calles de la ciudad guipuzcoana. Por resumir, esta situación ha llevado a la prohibición por parte del Ayuntamiento de Donostia del reparto de comida, al acoso racista de reaccionarios en las inmediaciones del lugar donde se reparten las cenas y a las multas económicas a activistas, tal y como se describe de manera más detallada en el comunicado del proyecto Kaxilda „Campaña de apoyo a nuestrx compañerx denunciado por plantar cara al odio racista y fascista“.
Vayámonos ahora un poco más lejos, crucemos la frontera por Irún y vayamos hasta la ciudad bretona de Brest, cuyos militantes antifascistas, activistas implicadas en los movimientos sociales y personas identificadas como no blancas llevan meses sufriendo fuertes ataques de grupos nazis armados. Estamos hablando de 12 ataques en menos de medio año. Por ejemplo, el pasado 30 de agosto militantes de La France Insoumise estaban recogiendo publicamente material escolar para redistribuir, cuando un grupo de encapuchados les atacaron fisicamente dandoles una paliza.
Ambos ejemplos son solo una pequeña muestra de que los actos solidarios que intentan tejer redes comunitarias, materiales y afectivas entre las clases populares, también están en la diana de los grupos fascistas como el que tenemos en Santander. No hay que olvidar que esa es su función. A pesar de su relato pseudo rebelde, son fuerzas de choque de la clase dominante ( grandes propietarios, rentistas, patrones etc). Por ello a todas esas personas, cercanas o no, que mantienen estos discursos no intervencionistas les diriamos que construir alternativas al capitalismo no es un hecho incompatible a frenar la presencia fascista en las calles. Les diríamos que lo primero no va a ser posible sin lo segundo. Como dice la canción „No es que busques problemas, es que los tenías ya“.
Los nazis de Santander tienen una cobertura publicitaria conocida importante a través del respaldo de actividades en la institución del ateneo de Santander, la equidistancia del Diario Montañés, la acogida total del Diario Alerta etc. Además, los medios no oficiales y privados que tienen les sitúan dentro de una financiación olgada que se demuestra en su adquisición de locales así como en la calidad de su propaganda reaccionaria. Aunque durante años han tenido un discurso abstencionista y sus voceros hacen mucho alarde de criticar las subvenciones, sobre todo a través de una imagen de juventud rebelde y antisistema, lo cierto es que su incoherencia es evidentemente tan visible como su identidad totalitaria. Prueba de ello es que este grupúsculo lo montan dos de sus personajes más visibles en 2011 tras el fracaso de su intento de asaltar los cielos con el partido Frente Nacional. Su abstencionismo y lucha anti-parlamentaria fue seguramente el primero de sus muchos fakes, que vendría a culminarse con la participación del primer personaje nombrado en el partido Cantabria Distinta, candidato a la alcaldía de Santander en 2022.
Dichos vínculos y alianzas, muchas desconocidas por el momento, alimentan un nicho de neofascistas en las calles de la ciudad en tiempos en donde sus postulados y prácticas crecen, por lo que combatirles no va a ser un capricho estético de banda juvenil sino una necesidad ética, vital y política de todas. En un guiño directo a las movilizaciones antifascistas del barrio madrileño de Vallecas tras el ataque nazi al club deportivo La Fábrika, sólo podemos concluir este artículo con el lema „Ellos por dinero, nosotres por amor“. (*)
NOTAS:
(*) “La antigua sala blackbird ahora es local de un grupo neofascista”, Briega.org, 2025-11-12 (LINK)
IMAGENES:
(*) Antifa (cgt aragon)
(*) Fascistas Santander (eldiario)
(*) Antifa (elsalto)
(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2025-11-15)
